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Economia catalana

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La economía catalana, en su conjunto, se caracteriza por su estructura industrial. El perfil de su población activa coincide con el de los países más desarrollados (sectores económicos, datos de 2001: primario, el 2,59%; secundario (industria y construcción), el 39,22% (29,01% y 10,21%); y terciario, el 58,20%). La participación del sector primario en el producto interior bruto (PIB) de Cataluña no sobrepasa el 2,5%, ya que, como se ha dicho con anterioridad, la economía catalana bascula primordialmente entre la industria y los servicios. El porcentaje de suelo dedicado a las actividades agrarias llega a un exiguo 33% (8% de regadío y 25% de secano). Se trata de una cifra claramente inferior a la media española y de la Unión Europea (UE).

Por otra parte, el sector agrícola catalán presenta todas las características de la agricultura de mercado, entre las que destaca el alto grado de mecanización y la elevada productividad en función de la creciente demanda (tanto por la atracción del consumo directo, como de la demanda de materias primas para la industria alimentaria). En la Cataluña húmeda se encuentran las reservas forestales y los cultivos más característicos son el maíz, las patatas y los forrajes. En la Cataluña seca se desarrollan las especies propias de la agricultura mediterránea: la vid, el olivo y los diversos tipos de cereales. En las zonas de regadío (Bajo Segre, delta del Ebro, delta del Llobregat y cursos medio y bajo del Ter) se cultivan productos de huerta, flores, árboles frutales y, en el delta del Ebro, arroz. La ganadería ocupa menos del 3% de la población activa y contribuye sólo en un 0,5% al PIB de Cataluña. Se caracteriza por el predominio de la estabulación, la fuerte relación con el sector agroalimentario, la especialización y el alto nivel tecnológico. Destacan el ganado porcino, bovino, ovino y, más recientemente, las granjas avícolas. En los últimos tiempos se han implantando granjas de avestruces para la explotación de la carne. El sector primario catalán se enfrenta, a comienzos del siglo XXI, con los complejos retos de su pertenencia a la UE, en concreto con su política agraria de subvenciones, cuotas y prioridades que, en algunos casos (como en el sector de la avellana y de los frutos secos), ponen al campo catalán en situación de conflicto latente. Encarta

Imagen de la agricultura de Cataluna