Historia de Escocia : Escocia en el siglo XVII y en el Reino Unido
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Fotografias Escocia |
Con el hijo de Jacobo, Carlos I de Inglaterra (1625-1649), los altos impuestos y, en especial, los intentos reales de imponer las formas de culto anglicanas provocaron los conflictos conocidos como las guerras de los Obispos (1639-1649), que fueron a su vez una de las causas del comienzo de la Guerra Civil inglesa; ésta supuso el triunfo de las fuerzas parlamentarias bajo mando de Oliver Cromwell y la ejecución de Carlos. Cromwell, como lord protector de Inglaterra, sofocó las rebeliones escocesas en nombre del heredero real, Carlos II de Inglaterra. También impuso un gobierno único en Inglaterra y Escocia a partir de 1650. En 1660, cuando Carlos II fue restaurado en el trono, Escocia volvió a separarse políticamente de Inglaterra. Escocia no intervino en la caída del sucesor de Carlos, Jacobo II de Inglaterra (Jacobo VII de Escocia), en la Revolución Gloriosa de 1688, pero el Parlamento escocés reconoció inmediatamente al nuevo rey, Guillermo III, como Guillermo II de Escocia. |
En 1707 el Parlamento escocés votó a favor de su propia disolución y Escocia se convirtió en parte del Reino Unido de Gran Bretaña, con garantías para mantener su propio sistema legal y su política religiosa. A esta unión, al igual que a la Revolución Gloriosa (1688-1689), se opusieron muchos escoceses de las Highlands, que se rebelaron en favor del hijo de Jacobo VII, Carlos Estuardo, en las rebeliones jacobitas de 1708, 1715 y 1745-1746. Tras el fracaso de la rebelión de 1745, el gobierno inglés forzó la ruptura del sistema de clanes en las Highlands. Edimburgo, ciudad donde tuvo lugar el ‘renacimiento escocés’, se convirtió en uno de los centros culturales más importantes de Europa durante el siglo XVIII. Entre los excepcionales pensadores escoceses de la época se encontraban el economista Adam Smith, el filósofo David Hume y figuras literarias como Tobias Smollett, James Boswell, Robert Burns, y, algo más tarde, Walter Scott. |
En la década de 1970, tras la decadencia de Gran Bretaña como potencia mundial en la segunda mitad del siglo XX, y estimulado por el descubrimiento de petróleo en el mar del Norte, cerca de la costa noreste de Escocia, el nacionalismo escocés se convirtió de nuevo en una significativa fuerza política, aunque desde hace varias décadas el grupo político mayoritario en el país es el Partido Laborista. En el contexto de la política de descentralización promovida por el primer ministro laborista Tony Blair, en septiembre de 1997 se sometió a referéndum entre los ciudadanos de Escocia —así como entre los del País de Gales, aunque con diferencias cualitativas entre ambos procesos— la posibilidad de crear un Parlamento (Asamblea en el caso de Gales) integrado por 129 miembros y con prerrogativas administrativas, legislativas y, en menor medida, fiscales. La idea del gabinete laborista, constituido tras la victoria de la izquierda en las elecciones de mayo de 1997, es ‘devolver’ parte de la capacidad de autogobierno que, tanto el Reino de Escocia como el Principado de Gales, tuvieron durante —sobre todo en el caso escocés— gran parte de su historia. El resultado de la consulta fue favorable a la creación de una cámara legislativa propia. |
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