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Historia de Países Bajos
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El Gobierno

Los vestigios históricos de los Países Bajos datan del siglo I a.C., cuando las fuerzas romanas dirigidas por Cayo Julio César conquistaron la mayor parte de la actual superficie del país. En esa época, la región estaba habitada por los frisones, una tribu germánica que vivía en el norte, y por otras tribus germánicas y celtas.

Antes de la conquista, los romanos se habían anexionado tierras al sureste del río Rin. Penetraron en la región de los Países Bajos para controlar las distintas bocas de este río, que en aquella época se encontraban situadas más al norte. Bajo mandato romano, la paz y prosperidad generales prevalecieron durante más de 250 años. Los comerciantes romanos entraban libremente en el territorio y vendían productos de Italia y la Galia. Los romanos construyeron templos, crearon latifundios e introdujeron su civilización en la región.

Alrededor del 300 d.C., el dominio romano comenzó a debilitarse y otras tribus germánicas llegaron procedentes del este. Los frisones, en el norte, mantuvieron su tierra, pero los sajones ocuparon la parte oriental de la región y los francos se adentraron por el oeste y el sur.

Los francos eran el grupo invasor más poderoso. Sus tierras se extendían hacia el sur hasta lo que hoy es el norte de Francia, y hacia el este a través del río Rin. Al final, los reyes francos sojuzgaron a los frisones y sajones y los convirtieron al cristianismo. Hacia el año 800, el actual territorio de los Países Bajos formaba parte del Imperio de Carlomagno. Tras su muerte, el Imperio se desintegró, y en el 843 el Tratado de Verdún impuso su división en tres zonas. Los Países Bajos se englobaron inicialmente en Lotaringia y, en el 925, una parte del territorio pasó a depender del Sacro Imperio Romano Germánico.

En ese momento no existía un Estado holandés y las lealtades inmediatas de los habitantes eran para los señores locales. A lo largo de los siglos siguientes toda la región, incluso la actual Bélgica, pasó a ser conocida como Países Bajos.

Durante los siglos IX y X, los invasores vikingos (procedentes de Escandinavia y Dinamarca) invadieron con frecuencia las zonas costeras, navegando río arriba en busca de botín. La necesidad de un sistema más fuerte de defensa contra tales intrusos llevó a un progresivo aumento del poder de los mandatarios locales y de la nobleza. Al mismo tiempo, artesanos y mercaderes se asentaron en las ciudades, cuya importancia económica aumentó, y mejoraron sus defensas. El desarrollo gradual de ciudades poderosas fue una característica de la historia holandesa durante los siglos XII, XIII y XIV, y el territorio se convirtió en un importante enclave comercial. Bajo la gestión de ricos mercaderes, las ciudades comenzaron a amenazar el poder de los nobles que gobernaban el campo. Los mercaderes a menudo respaldaron a gobernantes regionales en sus campañas contra los vasallos más rebeldes, lo que les permitió obtener de ellos privilegios para promocionar el comercio, reforzar las ciudades y afianzar su posición en el gobierno de éstas.

A comienzos de la edad media se establecieron poderosas entidades políticas, como los condados de Flandes y Holanda, el obispado de Utrecht y los ducados de Brabante y Güeldres. No obstante, en el norte los frisones se resistían a ser sometidos por un mandatario regional y continuaron obedeciendo a sus propios mandatarios. La asociación de los Países Bajos con el Sacro Imperio Romano fue en gran parte nominal durante la edad media. Existían contactos comerciales con ciudades costeras alemanas del este, como Bremen y Hamburgo, pero la más importante influencia cultural venía de Francia. "Paises Bajos" Enciclopedia Microsoft® Encarta® Online 2009
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