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Literatura italiana en los años 1500
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Literatura |
Otra de las figuras destacadas de este periodo es, como ya se ha dicho, Ludovico Ariosto, que representa la culminación de la poesía del cinquecento italiano. Su Orlando furioso (1516) es una obra intensa y original, concebida como la continuación del Orlando enamorado de Matteo Boiardo. Los acontecimientos que se relatan en él se desarrollan, como en su antecesora, durante el reinado de Carlomagno. En su caso, narra la batalla del emperador contra los sarracenos, escenario que sirve para unificar los distintos pasajes del texto, en el que se entremezclan aventuras, amores, magia, heroísmo, villanía, sentimiento trágico, sensualidad y hechos reales de su tiempo, elementos todos que conviven en una narración extremadamente brillante, salpicada en ocasiones de humor y fina ironía. Por todo ello y, en especial, por reflejar una profunda comprensión del espíritu humano, este poema épico merece recibir el título de obra maestra de la literatura universal. |
Durante estos años vieron la luz, además, dos obras muy difundidas en su tiempo sobre el comportamiento caballeresco, que fueron muy bien recibidas en una época como ésta, de refinado cosmopolitismo. Se trata de El cortesano (1528), escrita por el diplomático Baldassare Castiglione, y traducida espléndidamente al español por Juan Boscán, y Galateo (1558), del sacerdote Giovanni della Casa. La primera de ellas es un tratado acerca de los buenos modales que debe observar un caballero, así como de las virtudes intelectuales que deben acompañarle. La segunda comparte con la anterior el interés por los buenos modales, e intenta situarlos en una amplia visión de la naturaleza humana. |
Pero el culto a las buenas maneras, a la belleza y al refinamiento despertaron, además de un gran interés, una violenta reacción por parte de algunos autores, como Teófilo Folengo, quien en su épica burlesca Baldo (1517), lleva a cabo una parodia sumamente ácida y en ocasiones vulgar del mundo de la caballería y las letras. Escrita en latín macarrónico, una variedad cómica del latín erudito, constituye una despiadada sátira de las ideas y costumbres de su época, que inspiró, entre otros muchos, al escritor francés François Rabelais. Folengo no fue el único rebelde de la literatura del siglo XVI italiano. Junto a él se puede colocar el no menos inconformista, aunque de mayor genio, Pietro Aretino, autor teatral y creador de libelos dotado de un fino ingenio, que consiguió, por medio de sus irreverentes obras, establecer un refrescante contrapeso a la refinada cultura de su tiempo. Su gran obra I ragionamenti o, en castellano, El coloquio de las damas (1532-1534) y los seis volúmenes de sus cartas (1537-1557) transmiten su ácido e irreverente punto de vista acerca de la sociedad y costumbres de su época. En la línea renacentista de búsqueda del artista completo, no faltaron pintores y escultores que escribieron bellos textos poéticos, narrativos y ensayísticos. Así, los sonetos de Miguel Ángel constituyen apasionadas expresiones de sus sentimientos más profundos y de sus convicciones religiosas; |
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Pietro Aretino. |
los tratados de Leonardo da Vinci sobre arte y ciencia contienen principios de análisis que han influido profundamente en los pensadores posteriores; la interesante autobiografía de Benvenuto Cellini se encuentra entre los mejores textos de este género de toda la literatura universal; y las biografías de famosos pintores, escultores y arquitectos escritas por el también pintor y arquitecto Giorgio Vasari constituyen una fuente de información de incalculable valor sobre el arte y los artistas del renacimiento. También se escribieron cuentos y relatos breves en esta época. El autor más destacable en este terreno es Matteo Bandello, autor de Novelle (1554-1573), una serie de cuatro volúmenes de narraciones cortas en la línea de Boccaccio, que constituyeron la base sobre la que se crearon numerosas obras posteriores en toda Europa. Encarta |