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Literatura brasileña : Primeras manifestaciones teatrales
Literatura

El teatro se relaciona con los villancicos ibéricos, centrándose en el antagonismo entre ángeles y demonios, bien y mal, vicio y virtud. En los poemas épicos, Anchieta revela la influencia de Virgilio. El carácter políglota de muchas poesías y autos expresaba una actitud de adaptación al medio. La palabra escrita se ajustaba a la nueva realidad al intentar inculcar valores portugueses y cristianos en la población autóctona y en la mestiza que se iba conformando. Esos primeros escritos, hechos en Brasil, sobre Brasil, de acuerdo con criterios estéticos vigentes en occidente, reflejan relaciones con estilos de vida y arte del tiempo. Importan porque se trata de una literatura imaginativa, posible raíz del mito ufanista (vanagloria por la riqueza y las bellezas naturales del país, el término ufanismo se derivó del libro Por que me ufano do meu país, del conde Afonso Celso), que se proyecta a través de los siglos hasta la época contemporánea.

Desde el punto de vista estético, en los tres primeros siglos aparecen en las manifestaciones literarias el barroco, el neoclásico y el arcádico. La organización estética de la prosa sólo se define con el estilo barroco, en su proceso de identificación ilusoria y sensorial, visible en los juegos de palabras, en los retruécanos, en los enigmas. Conceptismo y culteranismo, en la mejor tradición cultural ibérica, mezclan lo mitológico con lo descriptivo, la alegoría con el realismo, lo patético con lo satírico, lo idílico con lo dramático. La literatura brasileña nació con el barroco, de la mano de los jesuitas. Merecen destacarse el padre António Vieira, Bento Teixeira, Gregório de Matos Guerra y Manoel Botelho de Oliveira, secundados por fray Manoel de Santa Maria Itaparico, el padre Simão de Vasconcelos, fray Manuel Calado y Francisco de Brito Freire.

Muchos de esos autores, no siempre integrantes de la Compañía de Jesús, se educaron en los colegios jesuíticos que se levantaban al lado de las iglesias, focos de transmisión de la cultura metropolitana, en sus aulas de letras y humanidades. En ellas se filtraba hacia la colonia la tradición portuguesa de la retórica, base de la formación intelectual y literaria, preocupada por enseñar a persuadir hablando y escribiendo. Se cultivaba también la postura intelectual de la imitación de modelos, realizada en los escritos de esos primeros autores, en diversos grados: de la inspiración hasta la glosa y la traducción. La literatura brasileña de esta primera fase sigue el ritmo lusitano de la época.

El padre António Vieira, jesuita y catequista, orador sagrado, se impuso por sus escritos, donde se revelan rasgos europeos, portugueses y brasileños. Entre los Sermones (15 volúmenes), son de particular interés para la literatura brasileña el “Sermón del primer Domingo de Cuaresma” (1653), que gira sobre el tema de la extinción de la esclavitud india, y el “Sermón XIV del Rosario” (1633), sobre los esclavos negros. En la Historia del Futuro escribe un tratado sobre la profecía donde defiende la mística del 5º imperio del mundo, que sería portugués con sede en Brasil, y por el que tuvo que rendir cuentas ante la

Gregório de Matos Guerra
Gregório de Matos Guerra.
Inquisición por sus deslices heterodoxos. De estilo barroco, fue el mayor orador sagrado de Brasil. Sus discursos son minuciosos, llenos de alegorías que revelan la agudeza de su raciocinio. Encarta